domingo, 31 de diciembre de 2017


VICENTICO - Gabriel Julio Fernández Capello - Argentina, 1964
El árbol de la plaza

El árbol de la plaza del barrio viejo no crece más
Se ha quedado quietito todo pelado por qué será
La tierra está tan seca en cualquier momento se va a quebrar
Pareciera que el cielo se fue olvidando cómo llorar

Hay que llamar a la tormenta a ver si llueve
Para salvar al arbolito que se muere (Bis)

Si es que está en nuestras manos traer las nubes y hacer llover
Y vuelvan a la vida todas las hojas que hay por crecer
Bailen toda la noche que acá tocamos hasta amanecer
Que siento el aguacero venir llegando a calmar la sed

Hay que llamar a la tormenta a ver si llueve
Para salvar al arbolito que se muere (Bis)

Llueve, llueve y nadie se mueve
Si el agua moja la plaza
La muerte se vuelve a su casa
Llueve, llueve y nadie se mueve
Que si no se lloran las penas
Se convierten en condena
Llueve, llueve y nadie se mueve

El árbol de la plaza del barrio no crece más
...

Hay que llamar a la tormenta a ver si llueve
Para salvar al arbolito que se muere (Bis)

Llueve, llueve y nadie se mueve
Si el agua moja la plaza
La muerte se vuelve a su casa
Llueve, llueve y nadie se mueve
Si no se lloran las penas
Se convierten en condena

Llueve, llueve y nadie se mueve
Y si después de la lluvia sale la luna
La tierra iluminada
Abra un sendero para seguir
Andemos como soldados por el camino
que el árbol vuelve a vivir
que el árbol vuelve a vivir
Llueve, llueve y nadie se mueve
Llueve, llueve y nadie se mueve
Que el agua moje la plaza
Así la muerte se atrasa
Llueve, llueve y nadie se mueve
Que si no se lloran las penas
Se convierten en condena
Llueve, llueve y nadie se mueve
Que baile la gente que baile en la plaza
Así la muerte se atrasa
Llueve, llueve y nadie se mueve
Ahora ya siento llegar la tormenta
Así que la banda apriete con fuerza
Llueve, llueve y nadie se mueve
Que baile la gente que baile en la plaza
Así la muerte se atrasa
Llueve, llueve y nadie se mueve
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viernes, 29 de diciembre de 2017

EL ÁRBOL DE LA PALABRA
de "Kioko" grabación oral

En el centro de los poblados de África y en otros muchos lugares del mundo, hay un árbol que suele ser majestuoso, enorme, con buena sombra... es el árbol de la palabra.

     Cuentan que los niños y las niñas de un pueblo, cada día, para ir a la escuela, atravesaban la plaza del árbol. Le preguntaron a la maestra por el origen del nombre del árbol y les contestó que cuando ella nació el árbol ya estaba allí, que debían averigurar el origen del nombre preguntando a sus padres y madres, a sus abuelos y abuelas o a aquellas personas mayores que pudieran conocer la procedencia de un nombre tan extraño y tan hermoso para un árbol, el "árbol de la palabra". Los niños se entusiasmaron con la idea, ya sabéis que a todos los niños les encanta investigar. 
    Imaginaos cuál sería su pesar cuando comprobaron que ni los padres, ni las madres, ni los abuelos, ni las abuelas,... nadie pudo ayudarlos porque todos recordaban que el árbol siempre estuvo allí, que cuando todos ellos nacieron, el árbol ya estaba allí. 
     Los niños se sentaron bajo aquel árbol junto a un anciano en busca de alguna información que les aclarase el misterioso nombre. No la encontraron, pero sí vieron que a su alrededor se habían ido sentando otras personas contándose mil cosas, mil historias, mil cuentos...  La persona que necesitaba que alguien le escuchara, acudía al árbol porque sabía que siempre encontraría a algún vecino o vecina con quien hablar.
    Al día siguiente llegaron con la solución a la escuela, habían descubierto el origen del nombre. A la sombra de aquel árbol las gentes iban a hablar, a ser escuchados y a compartir todo aquello que les preocupaba, era el árbol del diálogo, de la palabra.
    Cuando visitaban a los parientes en otros lugares también vieron que en el centro de sus aldeas un árbol invitaba a sentarse y compartir la charla. Los pueblos tenían un lugar donde dialogar.
    Cuando visitéis una aldea en África acercaros y sentáos bajo ese árbol central, como los viejos. Allí oiréis cómo se evocan historias, fábulas y leyendas. Se acoge a viajeros que traen noticias y algunos os pedirán que relatéis las vuestras...
---Fin---

miércoles, 27 de diciembre de 2017

MARIO C Paisajista, en "Metido en Jardines"
Fruticultura: Influencia del frío Invernal


     No se nos escapa a nadie, queramos negarlo o no, el cambio en las condiciones climáticas en nuestros días. A todos nos afecta de múltiples formas, también a nuestros frutales. Ya sé que no descubro nada si digo que uno de los condicionantes de las distintas especies es el clima. (...)
     -El límite norte de cultivo frutal se condicionan por la resistencia al frío de las especies frutales y también por el número de días libres de heladas que permitan un desarrollo y maduración correctos de los frutos.
     -El límite sur está determinado para algunas especies por sus exigencias de frío invernal para la salida del reposo y por la sequía.
     -Entre ambos límites existen zonas marginales que actúan como límite sur de especies de zona templada y como límite norte  para especies que requieren climas más cálidos.

     Clasificación de las especies frutales en función de sus características y exigencias ecológicas (según Hodgson):

A) Especies de zona templada fría: Son especies muy exigente sen reposo invernal (necesitan mayor cantidad de horas frío durante el invierno). Son especies muy resistentes al frío durante el reposo invernal, -12º C o-15º C o inferiores. Son sensibles a calores estivales por encima de los 30º C. Ejemplo: Manzano, Peral, Ciruelo Europeo, Cerezo...

B) Especies de zona templado-cálida: son especies con exigencias de reposo invernal menos importante que  las anteriores. Más sensibles a fríos invernales. Más resistentes a calores estivales. Ejemplo: Melocotonero, Albaricoquero europeo, ciruelo japonés.

-Existe un grupo de transición formado por la vid, el olivo y el almendro.

C)    Especies subtropicales: no necesitan acumular frío invernal. Son muy sensibles a las heladas de invierno (no soportan temperaturas de  menos de  -4 o-5º C.) Necesitan calor durante el periodo de actividad vegetativa. Tres grupos:
a.       Moderadamente exigentes en calor: Albaricoquero Norteafricano, higuera, pistacho, caqui.
b.      Exigentes en calor: agrios, níspero, aguacate y chirimoya
c.       Muy exigentes en calor: palmera datilera

(del grupo A al C son las especies de frutales de zona templada)

D)    Especies tropicales: no necesitan reposo invernal. No soportan las heladas. Platanera, mango, papaya, guayaba…

     Desde luego no podemos considerar una linea recta paralela al ecuador como límite exacto para el cultivo de una especie, encontrando desviaciones según la ubicación (altitud, proximidad a masas de agua, microclimas...), mejora genética en nuevas variedades... 

     Se consideran temperaturas de invierno no sólo a las que se producen durante el invierno, sino las que se producen durante todo el periodo de reposo, que en nuestras condiciones climáticas pueden durar desde mediados de noviembre hasta principios de marzo.
     Durante el periodo de reposo invernal los árboles no desarrollan crecimiento vegetativo ni florecen, y su fisiología se encuentra adaptada a un intervalo de temperaturas relativas bajas que oscila entre -5ºC y 20º C. En este intervalo de temperaturas, los árboles frutales de zona templada no suelen sufrir ningún tipo de daño en el periodo de reposo. Sin embargo, durante el invierno, con frecuencia se alcanzan temperaturas bastante inferiores a -5º C o bien se alcanzan valores superiores a 15º C. En ambos casos si pueden producir daños o sufrir problemas.
     Ya trataré en otra entrada los daños por heladas.
     Las especies de zona templada son muy exigentes en reposo invernal. Necesitan acumular frío durante el invierno con el fin de completar la maduración y diferenciación de sus yemas. Cuando se cultivan en una zona donde los inviernos son demasiado cálidos o donde el invierno es demasiado suave, las especies frutales no cubren las exigencias de frío, resintiéndose al periodo vegetativo siguiente.

 Algunos de los síntomas pueden ser:
-Retraso en la apertura de las yemas:
Es el problema menos grave . Podría resultar, incluso un aspecto positivo, siempre que no sea un retraso excesivo, ya que podría salvar de algunas peligrosas heladas primaverales.
El problema es que este retraso en la apertura de las yemas es totalmente incontrolado. Pudiendo ser perjuciales para la cosecha.Generando floraciones muy tardías para lograr cosecha o retrasando su maduración de las fechas habituales,  Puede desfasar también en la apertura de yemas de flor /madera. Floraciones demasiado largas por desfase de las yemas de flor. En algunos casos el efecto no es igual en distintas variedades pudiendo anularse los efectos de variedades polinizadoras.
-Brotaciones irregulares y dispersas: 
Las yemas tienen distintas exigencias en frío dependiendo de que yemas se trate (madera o flor) y dependiendo de la posición que ocupen en el árbol. 
Las yemas de flor tienen menos exigencias y abren antes. 
Las yemas apicales tienen menos exigencias que las laterales y abren antes. Las yemas de brotes débiles tienen menos exigencias y abren antes.
Cuando aparecen inviernos demasiado cálidos hay unas yemas que si cubren el cupo de frío y se abren y otras no. De esta forma se producen brotaciones irregulares y dispersas. Se suelen dar en frutales de pepita.
-Desprendimiento y caída de las yemas de flor
Sin duda el problema más grave. Es el efecto más perjudicial. Es particularmente frecuente en el melocotonero y albaricoquero (en general en frutales de hueso). Se pueden llegar a caer el hasta el 90  o 100% de yemas de flor en situaciones de inviernos demasiado cálidos, con la consiguiente perdida de cosecha total de la cosecha. También se da en ciruelo japonés y europeo.
    
     Recordemos en este punto que la caída de yemas de flor puede deberse a otros factores como heladas fuertes en el momento de su apertura, sequías fuertes en otoño e invierno, temperaturas demasiado elevadas en invierno...
 

 ¿Que son las horas frío?
     Antes de introducir una nueva especie frutal en un área de cultivo hay que conocer dos factores:         

A) Duración de reposo invernal de la zona:
Para medir la duración del reposo invernal se utiliza un método que consiste en contar el número de horas-frío que se producen en la zona.
En la practica suelen emplearse comúnmente el método de Weimbereger  y el de Mota  (más de 700h frío nos fiamos de estos, si fuesen menos  700h frío conviene emplear otros como el método de Crossa-Raynoud)

Horas-frío
     Se considera horas-frío, a efectos de reposo, a aquellas horas que se producen durante el periodo de reposo del árbol en las que la temperatura es inferior a una temperatura umbral que usualmente se fija en 7º C. 
     La determinación o computo de horas-frío debe realizarse desde el inicio del reposo (Estado fenológico de caída de la hoja) y se termina con el final del estado de reposo (desborre ). 
Estos estados fenológicos varían dependiendo de la especie y de la zona de tal manera que, a nivel práctico, el inicio del computo de horas-frío se va a hace el 1 de noviembre en zonas frías y el 15 de noviembre en zonas cálidas. Como fecha final del cómputo de horas-frío se establece el 1 de marzo en zonas continentales, el 15 de febrero en zonas templadas y el 1 de febrero en zonas templado-cálidas.
      A veces el cómputo de horas-frío puede interrumpirse antes de la fecha indicada si al final del periodo de reposo aparecen días con temperaturas medias superiores a 12º C.
Hay gran cantidad de metodos de determinación de las horas frío de un lugar, más o menos exactos, mas o menos complejos, mejor o peor para determinados climas... En otros métodos no se contean/calculan horas frio, como digo hay gran diversidad,
 Nos fijaremos en dos ,de estimación indirecta, que son muy utilizados a nivel práctico.

 Método de Weimberger (1956):
     Se determina el número de horas-frío anuales en función de la media de las temperaturas medias de diciembre y enero.

t           13,2     12,3    11,4    10,6    9,8    9     8,3       7,6        6,9         6,3
 H-F    450      550     650    750    850   950   1050    1150     1250      1350

 t: media de temperaturas medias de diciembre y enero 
 H-F: horas frío anuales.

     Este es el método más sencillo y el más inexacto. Solo es válido en climas templado-fríos o en climas fríos continentales, ya que sus resultados son bastante erróneos en zonas mediterráneas o templado-cálidas.
  
 Método de Mota: 
Calcula el número de horas-frío mensuales mediante la siguiente fórmula:
Y= 485,1 –( 28,5 * X)                                                                                               
Y: nº de horas-frío mensuales, 
X: temperatura media mensual
Se aplica para todos los meses de reposo y luego se hace el cómputo global. Es adecuado para la zona centro.
Es más complicado y exacto que el anterior y conviene aplicarlo en climas templado-fríos. Es malo para climas templado-cálidos.

     Si por estos métodos el resultado es más de 700 h-f. nos fiamos de su validez. Si por el contrario el resultado es menor de 700 h-f. convendría utilizar otros para afinar más.

B)    Exigencias de reposo de la variedad frutal: (necesidades de árboles frutales en frío invernal)
-Las necesidades en reposo invernal de los árboles frutales varían dependiendo de su composición genética, del estado fisiológico y nutricional y de las condiciones climáticas locales Las especies frutales de pueden clasificar en función de  sus exigencias en frío invernal en tres grupos:
1-      Especies con altas exigencias de reposo invernal:  
      Son aquellas que necesitan más de 700h-frío Ejemplo: Manzano, peral, ciruelo europeo, cerezo, albaricoquero europeo (principales variedades españolas  bulida, moniqui, paviot), vid, castaño, avellano, frambueso y grosellero
2-      Especies con exigencias medias de reposo invernal: 
       Requieren entre 400-700 h-frío. Algunas variedades de peral, melocotonero en general, ciruelo japonés, olivo y albaricoquero europeo.
3-      Especies con bajas exigencias en reposo invernal: 
      Requieren menos de 400 horas-frío. 
      Variedades seleccionadas de melocotonero y ciruelo híbrido, albaricoquero norteafricano, membrillero, higuera, almendro, caqui.
     Dentro de estas especies pueden existir variedades con gran capacidad de adaptación a zonas con intervalos bastante amplios de horas-frío. Pudiendo vegetar sin problemas.
     Salvo en el caso de variedades muy exigentes, siempre que en una zona frutícola existan más de 500 hora-frío, los problemas que puedan producirse son de poca importancia. Solo por debajo de esta cifra hay que afinar a la perfección las variedades cultivar. (...)
    
Información
mariocpaisajismo@gmail.com
mariopaisajista.blogspot.com.es
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lunes, 25 de diciembre de 2017

CLAUDE LE MAUT
La taille des arbres et des arbustes
El tamaño de los árboles y arbustos (Le Maut, 2012).
Claude Le Maut nos presenta una obra excepcional, aprobada y con prefacio por Francis Hallé.

"Esta no es en absoluto una "obra más" porque se basa en un dato nuevo: cada árbol tiene un programa de crecimiento y desarrollo, con base genética, que varía de una especie a otra y define el modelo arquitectónico de cada una de las especies.
      La originalidad de este libro es que el autor conoce la arquitectura de los árboles, sabe identificar sus modelos arquitectónicos [...] y utiliza ese conocimiento en la elección de sus prácticas de tamaño."
"Este es un libro al que le deseo un brillante recorrido. "
- Francis Hallé, "El tamaño de los árboles y arbustos", Claude Le Maut, 2012, prefacio, pág. 5.
     

     Claude Le Maut analizaba uno por uno de los modelos arquitectónicos con impresionantes ilustraciones sacadas de Francis Hallé (La arquitectura de las plantas, 2004) y nos ofrece posibles intervenciones en concordancia con los modelos, con muchos esquemas que especifican su diferente naturaleza y las intervenciones preconizadas.
     Un verdadero placer para los entusiastas y los seguidores de los modelos arquitectónicos. 

     Una obra ineludible para los interesados en la arquitectura de los árboles.

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«Celui-ci n'est pas du tout un “ ouvrage de plus “ car il s'appuie sur une donnée nouvelle : chaque arbre possède un programme de croissance et de développement, à fondement génétique, qui varie d'une espèce à l'autre et définit le modèle architectural de chacune des espèces.
L'originalité de cet ouvrage réside dans le fait que l'auteur connaît l'architecture des arbres, sait identifier leurs modèles architecturaux […] et utilise ce savoir dans le choix de ses pratiques de taille.»
« Voilà un ouvrage auquel je souhaite une brillante carrière. »
- Francis Hallé, « La taille des arbres et des arbustes », Claude Le mot 2012, Préface, p. 5.

Claude Le Maut décortique un par un les modèles architecturaux avec de superbes illustrations tirées de Francis Hallé (L’architecture des plantes, 2004) et nous propose des interventions possibles en concordance aux modèles, avec de nombreux schémas spécifiant leurs diverses natures et les interventions préconisées.
Un véritable régal pour les passionnés et les adeptes des modèles architecturaux.
Un ouvrage incontournable pour ceux qui s’intéressent à l’architecture des arbres.
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sábado, 23 de diciembre de 2017

NEIL BROMHALL (Inglaterra)
Así nace un roble, ocho meses comprimidos en unos minutos

     Así nos lo cuenta el autor de este vídeo: "La bellota fue plantada en septiembre. Para poder apreciar el crecimiento de la raíz hubo que esperar hasta enero, mientras que los primeros brotes aparecieron en febrero. En marzo la planta alcanzó la superficie y comenzaron a formarse las hojas que, finalmente, se desplegaron completamente en abril. El proceso, que en la naturaleza se extendió durante ocho meses ha sido condensado en apenas tres minutos mediante un «time lapse». Esta técnica permite crear la ilusión de movimiento a partir de la reproducción consecutiva de imágenes fijas. En este caso, cada fotograma del vídeo corresponde a una fotografía tomada con una diferencia de dos horas con respecto a la anterior, lo que nos permite apreciar un hermoso proceso que, de otra manera, pasaría totalmente desapercibido a nuestros ojos".
Filmado con Nikon D300, lente 55mm Nikkor macro y flash.

Más información sobre Bromhall
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jueves, 21 de diciembre de 2017


YURI MILLARES
Secretos del bosque canario y sus árboles
El cuadro 'Pinar quemado' de Lucas de Saá, acrílico y óleo sobre lienzo, creado para el proyecto Nisfade de identificación y protección de los pinos singulares de El Hierro.| FOTO: JAVIER PÉREZ MATO

     El archipiélago canario tiene, en este siglo XXI por el que ya nos adentramos, 130 mil hectáreas de bosque y aún dispone de capacidad en su suelo para albergar otras 90 mil hectáreas más. Y aunque el ritmo de las repoblaciones varía de año en año (en función de las posibilidades presupuestarias de las administraciones públicas en cada ciclo económico), técnicos forestales consultados por PELLAGOFIO estiman que “esas 90 mil hectáreas las podríamos conseguir en 70 años”, algo que, en cualquier caso, “deberíamos intentar acortar, haciendo un esfuerzo en los próximos 30 ó 40 años para repoblarlas con ayuda del proceso natural que está en marcha”. 
      La mayor parte de los bosques canarios son pinares (unas 70 mil ha.), siendo el monteverde (nuestra exuberante y relicta laurisilva) el que ocupa el segundo lugar en extensión (unas 25 mil ha.) y el bosque termófilo el tercero en este ranking, con los palmerales, que tienen sus mayores extensiones en Gran Canaria y La Gomera.
Pinar de Pilancones, en Gran Canaria.| FOTO: TATO GONÇALVES
     Estas cifras contrastan con la realidad de cien años atrás (por ejemplo, los bosques de Gran Canaria apenas tenían a principios del siglo XX una superficie de 6 mil hectáreas). Ya a finales del XIX el navegante, naturalista y explorador francés Dumont d’Urville (Viaje pintoresco alrededor del mundo) escribía entre alarmado y sorprendido:  
El mayor error de la administración española es no haber velado por la conservación de los bosques, que son para estas islas el gran alambique de la destilación pluvial. (…) Hoy en día la expansión de este suelo pelado es tan fuerte que la nubes no hacen más que pasar sobre las islas”.

     Lo cierto es que los gobiernos españoles empezaron a tomar sus primeras medidas por esa época, enviando a conservadores de montes en una labor muy poco eficaz que el antropólogo, también francés, René Verneau explicaba porque el campesino, que “se queja de la sequía”, sigue talando “los maravillosos bosques del país en las propias barbas de los guardas”.

Monumento a la bombona
     La primera mitad del siglo XX, con sus guerras mundiales y la propia guerra civil en España, no hizo sino agravar la situación de los bosques. Con el comercio portuario bajo mínimos, los escasos recursos forestales eran lo único de que disponía la población para tener leña y carbón con la que cocinar, o los puertos para suministrar a los barcos. “A la bombona había que hacerle un monumento, porque cuando vino el gas butano la gente dejó de hacer los cortes clandestinos”, solía decir Jaime O’Shanahan, figura clave en el inicio de las grandes repoblaciones forestales que dieron la vuelta a esta dramática situación a partir de 1951.
     Las leyes que, por esa época, se dictaron en España tuvieron su efecto sobre las reforestaciones emprendidas en Canarias, aunque no exentas de sus controversias. “La ley estatal decía que todas las superficies por encima de los 900 metros debían ser forestales. En Canarias, por encima de esa altura, había agricultura y pastoreo y supuso un cambio radical en el uso del territorio. Y por eso, de alguna forma, hoy todavía se mantiene esa aversión a los pinos”, señala uno de los técnicos forestales consultados. “Pero, objetivamente –añade–, las Canarias necesitaban bosque. Gran Canaria especialmente”. El progresivo abandono de algunas actividades tradicionales, “como el pastoreo intensivo o la siega de monte de forma superficial”, tuvo como resultado que a partir de los años 70 del siglo XX, el territorio entrase en un proceso que los técnicos forestales llaman “de cicatrización”: se produce una regeneración natural tanto de los antiguos pinares, como de los relictos de monteverde e, incluso, de los palmerales. “Ayudados por el viento y sobre todo por las aves (especialmente el mirlo), las semillas viajan fuera de la superficie ocupada por el bosque, incrementando de una forma considerable la superficie forestal”, que se extiende por territorios en los que se ha abandonado la agricultura o ya no se practica el pastoreo.

Frutales forestales, también
     
Las repoblaciones forestales refuerzan notablemente esa regeneración y ampliación de los bosques canarios que, aunque en los años 50, 60 y 70 eran mayoritariamente con pino (sobre todo Pinus canariensis, pero también insigne, halepensis y pinea), a partir de los años 80 se añaden a las repoblaciones otra serie de especies: palmeras, laurisilva e incluso frutales forestales, “que es importantísimo, porque son mucho más aceptados por la población rural”, reconocen los técnicos. Se refieren a castaños, nogales, álamos negros (olmos, como son más conocidos popularmente), higueras… “Toda esa lista de especies la Administración también los ha fomentado, sabiendo que es una forma de crear ecosistema porque la fauna los necesita”, añaden.
     Llegados a este punto del artículo, puede que al lector le asalte la pregunta: ¿para qué tanto pino en vez de frutales? Los técnicos forestales lo tienen claro: “No hay que plantearse qué nos genera el pinar, sino ¿qué pasaría si no estuviese ese pinar? Es uno de los mejores usos del territorio, porque si hay un incendio el pino canario rebrota otra vez; en zonas accesibles nos produce una madera de muy buena calidad (tenemos que ser pacientes y esperar 200 años hasta que nos produzca tea, pero es un factor importante); también produce leña y pinocha (para cama de ganado, para hacer estiércol)”.
Son unos beneficios que, hasta hace poco, habían estado muchas veces vetados, de ahí esa aversión de la población rural al no permitírsele pastorear, disponer de leña o ni siquiera recoger pinocha. Incluso se multaba por cortar pasto.

Las multas: “leyenda urbana”
Eso es hoy algo impensable (“Hace 15 años que no se tramita una multa. Lo que queda son leyendas urbanas”, aseguran en el Cabildo de Gran Canaria), pues todos reconocen ya que esas son labores (junto a los tratamientos selvícolas para sanear el bosque, con talas selectivas) que benefician al propio bosque y evitan incendios: “El pastoreo controlado es un uso sostenible muy adecuado, porque mantiene el sotobosque a raya y allá donde crece el pino muchas veces no te crece otra cosa. Lo que no tiene sentido es plantar pinos donde podemos plantar laurisilva, castaños u olmos”, reconocen hoy los técnicos que cuidan nuestro patrimonio forestal.
     Y sean de pinos o de cualquier otra especie, los bosques son –más allá de un recurso paisajístico para disfrute de la población urbana, o de un sostenedor de actividades rurales tradicionales– una necesidad para el territorio y su clima. Entre las funciones fundamentales del bosque están la producción de agua, la protección de suelos y, especialmente, la fijación de CO2 tan necesaria ante el uso y abuso de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón. “Tenemos que pertrecharnos contra el cambio climático, y la mejor defensa es tener mucha superficie arbolada porque mejora el microclima y podemos hacerle frente, de forma mucha más óptima, al desgraciado cambio climático que nos espera”, insisten.
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NOTA
*El contenido de esta página se basa en entrevistas con los técnicos forestales Carlos Velázquez, Alejandro Melián y Juan Guzmán, además de la consulta de diversa documentación a la que PELLAGOFIO ha tenido acceso y datos de investigaciones propias.
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martes, 19 de diciembre de 2017

CHRISTOPHE D'YVOIRE (Francia)
Histoires d'arbres: Les sacrés

44 MINUTOS
Disponible : 01/12/2017 al 07/01/2018

"Histoires d’arbres" nous entraîne à la découverte d’arbres remarquables, à travers celles et ceux qui les protègent. Ce volet présente deux arbres devenus sacrés : un figuier sycomore qui trône depuis près de deux cents ans dans la légendaire ville d’Aksoum, en Éthiopie, et un immense figuier des banians, dans l'État indien du Pendjab.
Dans le nord de l’Éthiopie, dans la légendaire ville d’Aksoum, un figuier sycomore trône depuis près de deux cents ans. Jadis divinisé, il est aujourd’hui le témoin immobile des rites orthodoxes des croyants, non loin de la chapelle où reposerait l’Arche d’alliance. À 4 000 kilomètres de là, dans l'État indien du Pendjab, les habitants du village de Cholti Kheri vénèrent un immense figuier des banians. Surnommé "le sage", il présente un gigantesque réseau racinaire qui couvre plusieurs hectares. Devenus sacrés, ces deux arbres, proches cousins, portent l’espérance des hommes.

Han realizado seis películas...  aquí
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domingo, 17 de diciembre de 2017

YANNICK CHEREL, (Francia)
Histoires d'arbres, Les vénérables


44 min.  Année: 2017
Disponible : 27/11/2017 au 04/01/2018
Prochaine diffusion : mardi 9 janvier à 07h40

"Histoires d’arbres" nous entraîne à la découverte d’arbres remarquables, à travers celles et ceux qui les protègent. Gardiens d’une culture millénaire, l’araucaria au Chili et le baobab au Sénégal sont des arbres vénérables et vénérés. Refuges des génies ou incarnations d’un esprit, ils représentent un lien fort à la nature et aux ancêtres.

Han realizado seis películas...  aquí
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viernes, 15 de diciembre de 2017

OLMOS: APRENDE A DISTINGUIRLOS
De "Olmos Vivos"


     No es infrecuente confundir a los olmos con otras especies de porte arbóreo y arbustivo con las que comparte el hábitat. Primero, por tanto, hay que saber si la planta es o no un olmo para luego distinguir, entre ellos, si se trata del olmo común (Ulmus minor), el ciliado (Ulmus laevis), el de montaña (Ulmus glabra) o el siberiano (Ulmus pumila).

¿ES UN OLMO?

     Las hojas son el carácter más robusto para distinguir a los olmos de otras especies. No obstante, la gran variedad de formas que presentan requiere a veces analizar alguna otra característica para afirmar con seguridad que se trata de un olmo. Las especies con las que es más frecuente confundirlas son el avellano, el tilo, el almez, el carpe y, en ocasiones, el chopo o incluso los Prunus.
     El carácter que mejor diferencia al olmo entre todas ellas es la asimetría en la base del limbo (un lado más desarrollado que otro), aunque sea pequeña pues solo lo comparte con el almez del que es fácil diferenciarlo por la forma de la hoja, mucho más alargada.
     Además, mientras que el limbo del olmo se aprecia un único nervio principal del que salen, a ambos lados, nervios secundarios más o menos paralelos (hoja pinnada o forma de peine); si de la base del limbo salen tres nervios principales sería un almez.
     También el tilo presenta hojas asimétricas pero tiene el peciolo más largo.
     Si aún existen dudas, pues no siempre es clara la asimetría de su hoja, o la simetría de alguno de los otros géneros, estos son algunos de los caracteres que permitirán confirmar que se trata de un olmo:
  1. Las hojas se disponen alternas. Es decir, que en el lugar de unión a la rama sólo se encuentra una hoja, no en parejas (opuestas) o en mayor número (verticiladas).
  2. El peciolo es muy corto. El rabillo que une la hoja a la es de longitud muy reducida en relación con la longitud del limbo.
  3.  El borde del limbo es irregularmente aserrado. Los bordes externos tienen que estar recorridos por una línea poligonal que forma generalmente una sucesión de dientes grandes y pequeños.
  4. Los nervios secundarios numerosos, más o menos rectos y prolongados hasta el borde.
     No obstante, dada la precoz floración del olmo, no es infrecuente encontrar olmos sin hojas pero con flores, carácter que también los diferencia. Las flores del olmo son muy pequeñas (menores de 5 mm) y poco vistosas, de color variable, pero siempre agrupadas en glomérulos que, a su vez, están dispuestos de forma alterna en la ramilla. El rabillo que los une a la rama es de tamaño variable según la especie de olmo de que se trate.
     Finalmente, si te encuentras un olmo con hojas y frutos será muy fácil identificarlos. Los frutos son sámaras pequeñas, redondeadas u ovoideas. Son frutos secos cuando están maduros, pequeños (menos de 3 cm el eje mayor), de aspecto laminar y de forma redondeada u ovada, con un pequeño corte en el extremo superior.


¿QUÉ OLMO ES?  La época del año, así como las condiciones en las que vegetan los olmos, son los factores que determinan las características a las que recurrir para identificar la especie de olmo.

Cuando sólo tienen hojas

     No siempre es concluyente el tipo de hoja para diferenciarlos debido a su gran variabilidad morfológica dentro de la misma especie. En el cuadro adjunto se detallan algunos caracteres que mejor los distinguen:

CARÁCTER

Ulmus minor

Ulmus glabra

Ulmus laevis

  Ulmus pumila

Presencia de costillas en las ramillas frecuente no no no
Longitud del limbo < 8 cm < 18 cm < 8 cm < 7 cm
Base del limbo  claramente asimétrica claramente asimétrica claramente asimétrica poco o muy poco asimétrica
Desfase entre lados en la base del limbo generalmente menor que el peciolo menor que el peciolo generalmente mayor que el peciolo mucho menor que el peciolo
Dientes del margen pronunciados pronunciados muy pronunciados pronunciados
Nervios secundarios bifurcados algunos a lo largo del limbo algunos a lo largo del limbo algunos en la base del limbo algunos a lo largo del limbo

Superficie del haz

áspera o suave

áspera o suave

suave

áspera o suave




miércoles, 13 de diciembre de 2017


JUAN M. GARCÍA CAMPOS, en "La Vanguardia"
¿Cuál es el árbol más común en España?
  • En España hay unos 7.000 millones de árboles, y la encina es la especie predominante
  • Huesca es la provincia con más árboles en su territorio, seguida por Lleida

     A principios de septiembre, la revista Nature publicó una investigación -que partía de un estudio previo realizado por investigadores de la Universidad de Yale- que demostraba que en el planeta Tierra hay unos 3 billones de árboles. Esta cifra es hasta 7,5 veces superior a los datos que se conocían hasta ahora, que cifraba en torno a los 400.000 millones el número de árboles en todo el mundo según un censo calculado en 2008.
     Sin embargo, los investigadores no consideran buenas noticias las conclusiones que arroja este estudio, ya que también se ha constatado que la presencia de árboles en en la Tierra ha disminuido un 46% a causa de la acción del ser humano, responsable del cada vez más acelerado proceso de deforestación. No en vano, cada ser humano destruye dos árboles al año.
     El estudio de 'Nature' ha sido elaborado a partir de los datos de diferentes inventarios repartidos por todos los biomas del planeta. En el caso de España, el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF-UAB) ha sido el encargado de analizar los inventarios españoles recopilados en el Tercer ciclo del Inventario Forestal Nacional (IFN3).
     Según estos datos, en España hay unos 7.000 millones de árboles. Las comunidades de Castilla y León y Catalunya son las que más especies arbóreas conservan, mientras que Huesca es la provincia con más árboles en su territorio, seguida muy de cerca por Lleida. En valores relativos, La Rioja, con 694 árboles por hectárea, es la comunidad autónoma con mayor densidad de árboles, seguida de Cantabria, con 653, y Catalunya, con 637.
      La encina es la especie que predomina en todo el territorio español con un 19,12% de los árboles totales, seguida del pino albar (11,09%) y el pino carrasco (9,87%):

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Incluimos lo referente al olivar, que no está presente por ser una especie exclusivamente cultivada; para aclarar el punto de vista de algún lector...
Datos de Bruselas: España cuenta en este momento con un total de 309 millones de olivos, una superficie dedicada a este cultivo de 2,4 millones de hectáreas y de 397.000 olivareros. Esta cifra representaría el 4,4 % del arbolado.
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lunes, 11 de diciembre de 2017


TERESA GUERRERO
Hallan en la Antártida fragmentos de 13 árboles de hace 260 millones de años


Erik Gulbranson, geólogo, posa con fragmentos de árboles U
La Antártida conserva todavía zonas vírgenes que siguen dando sorpresas como la que se llevaron Erik Gulbranson y sus colegas. Estos geólogos de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee, en EEUU, aprovecharon el pasado verano en el continente helado -de noviembre de 2016 a enero de 2017- para ascender al Promontorio McIntyre, en las Montañas Transantárticas. Allí se encontraron con los restos de árboles que florecieron hace 260 millones de años, es decir, son anteriores incluso a los dinosaurios.
     En concreto, hallaron fragmentos de 13 ejemplares que, según Gulbranson, formaban parte de un bosque que debió ser bastante distinto a los que existen en la actualidad en otras zonas del planeta. Durante el periodo Pérmico, que acabó hace 251 millones de años con una gran extinción que se llevó por delante al 90% de las especies, los bosques estaban formados por diferentes tipos de plantas y árboles. "Lo más sorprendente de nuestra investigación es que el patrón de vegetación, es decir, los tipos de plantas que crecían juntas, variaban a lo largo del continente. También cambiaba la densidad de los bosques", explica Gulbranson a este diario.
     La expedición estaba compuesta por cuatro geólogos y un montañero. "Acampamos en el glaciar Shackleton y exploramos las montañas de los alrededores en avión", recuerda. La principal razón por la que acabaron yendo al Promontorio McIntyre fue porque los otros lugares que habían seleccionado "resultaban inaccesibles debido a los vientos extremadamente fuertes, a veces de 40 nudos (74 kilómetros por hora) y a las malas condiciones para aterrizar".
     Según el geólogo, los 13 árboles pertenecen al mismo género, pero podrían ser de varias especies. "Estos árboles tenían que ser capaces de sobrevivir y florecer en una gran variedad de condiciones", dice Gulbranson. Y es que, aunque durante ese periodo la Antártida "era más húmeda y cálida que ahora", habrían tenido que soportar la oscuridad total durante los cuatro meses del invierno y la luz perpetua durante otros cuatro o cinco meses.
     "Probablemente, la Antártida se parecía entonces a la actual Siberia y a la taiga (el bosque boreal) del hemisferio norte. Grandes sistemas fluviales cruzan el continente y sabemos que también allí había grandes lagos", recrea.
     "Es probable que hubiera nieve durante el invierno austral pero que se derritiera durante el verano", señala el paleoecólogo, que en enero regresará a la Antártida para investigar cómo y por qué cambió el clima, causando esa gran extinción.

Extinción masiva
     Una de las teorías más aceptadas para explicar la desaparición de tantas especies sostiene que se produjo un gran incremento de gases de efecto de invernadero en la atmósfera, como metano y dióxido de carbono, que habría desencadenado una extinción masiva de animales y plantas. Los científicos especulan con que toneladas y toneladas de gases de efecto invernadero habrían sido emitidas a la atmósfera durante las erupciones volcánicas que tuvieron lugar en Siberia en el transcurso de 200.000 años.
     Cuando el bosque del que ahora han encontrado restos fosilizados estaba en su plenitud, hace 260 millones de años, la superficie terrestre estaba agrupada en dos enormes continentes, uno en el norte y otro en el sur. La Antártida formaba parte de Gondwana, el bloque continental que se expandía por el Hemisferio Sur y que incluía los territorios que hoy ocupan Sudámerica, África, India y la Península Arábiga.



Huellas de vida antigua
     Hace más de un siglo que se descubrieron los primeros fósiles en la Antártida. Durante la expedición al Polo Sur realizada entre 1910 y 1912 por el británico Robert Falcon Scott (1868-1912) se encontraron algunos de ellos. Scott y sus colegas fueron hallados congelados en su tienda, pero antes de morir habían logrado reunir unos 18 kilos de rocas fosilizadas que contenían plantas con semillas.
     Las misiones modernas también han ido poco a poco recolectando pruebas de la fauna y flora que vivió en esta remota región del planeta en el pasado. Una colección que tiene ya cientos de fósiles que prueban que fue un territorio propicio para la vida. Por ejemplo, en 2006 un equipo argentino encontró el esqueleto completo de un plesiosaurio, un reptil marino de 1,5 metros que se extinguió hace unos 65 millones de años. Los científicos creen que el animal vivía en un océano mucho más cálido que ahora y murió hace 70 millones de años, posiblemente como consecuencia de una erupción volcánica. También se han encontrado fósiles de aves de la misma época. Jane Francis, de la Universidad de Leeds, ha hecho más de una decena de expediciones a la Antártida, donde ha encontrado restos de los últimos árboles que poblaron el continente (con una antigüedad de unos tres millones de años) antes de que quedara totalmente helado. En los años 90, se encontraron en la Antártida los primeros fósiles de dinosaurio. Cryolophosaurus ellioti o Glacialisaurus hammeri son algunas de las especies que poblaron la Antártida.
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sábado, 9 de diciembre de 2017

JOSÉ L. ÁLVAREZ
Árboles luminosos para sustituir las farolas en las calles de las ciudades


     Cuenta la mitología budista que un día, alrededor del siglo V antes de nuestra era, Sidarta Gautama se sentó bajo una higuera una noche de luna llena y prometió no levantarse hasta alcanzar el Nirvana. Permaneció en la misma postura durante 49 días con sus noches. Cuando abrió los ojos se había convertido en un iluminado (un buda) y estaba tan agradecido a aquel “ficus religiosa” por haberle dado cobijo que permaneció una semana entera mirando sus ramas en señal de respeto y admiración. En el caso del Buda la luz llegó de su interior -una iluminación metafórica- pero Antony Evans, fundador de Glowing Plants, quiere que esa luz tenga una dimensión física y que provenga de las plantas.
     La idea de conseguir que algunas especies vegetales brillen en la oscuridad no es nueva. En los años 80 ya se consiguió al introducir encimas luciferinas provenientes de luciérnagas en algunas plantas. Los resultados, aunque llamativos, fueron modestos: había que fotografiar a la planta con una exposición de ocho horas para apreciar una tenue luminiscencia. Más adelante, en 2010, investigadores de la universidad Stony Brook modificaron genéticamente una planta de tabaco al transplantarle algunos genes de una bacteria marina productora de luciferina. Lo novedoso en el proyecto que lidera Evans es que diseñan las secuencias de ADN en un ordenador con un software especial, y después lo imprimen para inyectarlo con una pistola de genes.
     Cualquiera puede conseguir una de estas semillas milagrosas a través de la web de Glowing Plants y hacer crecer una planta luminosa en casa. Incluso, si se atreve, probar sus propios experimentos, puesto que el ADN creado es de código abierto y, por lo tanto, modificable. Antony Evans y sus socios insisten en que su proyecto es la solución a un mundo que consume recursos de forma enloquecida, lo que llevará a quebrar los límites del planeta. La propia Naturaleza, afirman, tiene la respuesta a través de la bioluminiscencia, puesto que es una energía limpia, renovable y sostenible. “Estamos, afirma Evans, entrando en una era en la que diseñar un organismo biológico será tan fácil como diseñar una aplicación móvil” por eso confía en que sus plantas podrán, en pocos años, servir para eliminar las farolas en las ciudades y sustituirlas por árboles luminosos.
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jueves, 7 de diciembre de 2017

DIEGO LÓPEZ GIMÉNEZ
Árboles asombrosos de la Comunidad Valenciana
Yo no lo he visto todavía, no tengo criterio para decir si hay algo nuevo bajo el sol, es una repeticón o una puesta al día. Veo en el índice que faltan algunos árboles muy importantes...


Resumen de la contraportada:
Diego López es un investigador y documentalista, titulado en la Universitat de València, especialista en organización del conocimiento, autor del libro “Sobrevivir al cambio climático” (Editorial Ecohabitar) y del blog “Valencia en verde” y de la página “Jardines y otros paisajes valencianos“. Ahora publica un nuevo libro dedicado al turismo de árboles monumentales por la Comunitat Valenciana.
Fotos, mapas, rutas, datos útiles, nos permitirán conocer y nos guiarán hacia tesoros de la naturaleza, visitaremos unas fascinantes criaturas sintientes de nuestro rico patrimonio natural, prodigios entre sus respectivas especies y supervivientes natos, pues en el siglo XX desapareció más del 80% de los árboles singulares y los bosques maduros en España. Además, practicaremos el saludable arte de caminar, reconocida actividad de inspiración para grandes pensadores y de múltiples beneficios para mente y cuerpo como la ciencia ha demostrado y que en este libro resaltaremos.


Índice de árboles
Acacias de la Fuente de los 50 Caños en Segorbe
Almez del Jardí Botànic, Valencia
Araucaria de la Vila de Sant Josep en Burjassot
Araucaria de Oliva
Araucarias de Cullera
Árboles de la Glorieta (Jardín Botánico Pau) en Segorbe
Carrasca de Culla
Carrasca de La Glorieta en Valencia
Carrasca de la Umbría Pequeña en Puebla de San Miguel
Casuarina del Jardí Botànic, Valencia
Ciprés del Himalaya en Jardí Botànic, Valencia
El Abuelo en Cortes de Arenoso
Eucalipto de la Rana en Gata de Gorgos
Eucalipto rojo del Jardín de Ayora en Valencia
Eucalipto rojo de Poble Nou en Valencia
Eucaliptos del Palmeral en Orihuela
Ficus de Benalúa de Alicante
Ficus de les Corts en Valencia
Ficus de La Glorieta en Valencia
Ficus de la Gran Vía Marqués del Turia en Valencia
Ficus de l’Hort de les Camèlies en Valencia
Ficus Masía de la Pelosa en Bétera
Ficus del Parterre en Valencia
Ficus del Passeig de Canalejas de Alicante
Ficus de la Plaza de la Legión Española en Valencia
Ficus de Villa Elisa en Benicàssim
Garrofera dels Carlistes en Chiva
Garrofera de Covatilles en Chiva
Garrofera de la Venta en Chiva
Higueras de la Casa de Miguel Hernández en Orihuela
La Juana en Alpuente
La Lloca en Canals
La Morruda en Segorbe
Lledoner del Bassó en Bétera
Madroño de Buñol
Magnolia del Hort de Carreres en Carcaixent
Naranjo bicentenario en Hort de Carreres de Carcaixent
Olivera del Camí de Gausa en Sagunt
Olivera Grossa de Villajoyosa
Olivera de Vinambrós en Vall d’ Uixó
Olivo del Parc de les Catalinetes de Vinaròs
Olivo del Parque de Marxalenes en Valencia
Olivo del Parque de la Rambleta en Valencia
Olivo Espinós de Sant Joan d´Alacant
Olivos milenarios de Artana
Olivos milenarios de Canet lo Roig
Olivos milenarios de Sant Jordi
Olmo del Cáucaso en Jardí Botànic, Valencia
Olmo de Navajas
Palmera canaria de Gran Via Marqués del Turia en Valencia
Palmera del Colegio de Santo Domingo en Orihuela
Palmera datilera del Jardín Botànic, Valencia
Palmera Imperial de Elx
Palmera del Molí de la Sal en Burjassot
Palmera del palacio de Pineda en Valencia
Palmeras en Gandía
Palmeras de la Glorieta en Orihuela
Palmeras de la Plaza de Santa Lucía en Orihuela
Peloteros de Jérica
Pino de la Balsa de la Dehesa en Soneja
Pino de la Bassa en Serra (muerto)
Pino de Can Calet en Valencia
Pino de la Cañada Barriga en Titaguas
Pino Dos Hermanos en Villargordo del Cabriel
Pino de las Fuentecillas en Utiel
Pino del Mas de Porxinos en Ribarroja del Turia
Pino Rebollón en Aras de los Olmos
Pi del Salt en Náquera
Pi Verot en Valencia
Plátano de Biar
Plátanos del Jardín Botánico, Valencia
Plátano del Mas de Traver en Ribarroja del Turia
Plátano de sombra de la FEVE de Carcaixent
Podocarpo de hoja de adelfa en Jardí Botànic, Valencia
Roble de Hartwiss del Jardí Botànic, Valencia
Roble de la Molinera en Ayora
Roble de bellotas grandes del Jardín Botánico, Valencia
Roble valenciano de Cavanillas en Serra d´En Galcerán
Roure Gros en Ares del Maestrat
Roure Roquisar en Ares del Maestrat
Sabina de Alcotillas en El Toro
Sabina de la Umbría de Miranda en Puebla de San Miguel
Sabina del Corral del Maderero en Puebla de San Miguel
Sabinas de la Rambla Castellar en Puebla de San Miguel
Sabinas Las Blancas en Puebla de San Miguel
Surera del Palomar en Aín
Tejos de Agres
Washingtònia de l’Albereda en Valencia

Índice de localidades
Agres
Aín
Alicante
Alpuente
Aras de los Olmos
Ares del Maestrat
Artana
Ayora
Benicàssim
Bétera
Biar
Buñol
Burjassot
Canals
Canet lo Roig
Carcaixent
Chiva
Cortes de Arenoso
Culla
Cullera
El Toro
Elx
Gandía
Gata de Gorgos
Jérica
Náquera
Navajas
Oliva
Orihuela
Puebla de San Miguel
Ribarroja del Turia
Sagunt
Sant Joan d´Alacant
Sant Jordi
Segorbe
Serra
Serra d´En Galcerán
Soneja
Titaguas
Utiel
Valencia
Vall de Uxó
Villajoyosa
Villargordo del Cabriel
Vinaroz
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lunes, 4 de diciembre de 2017

JOSÉ MARÍA NAVAJAS PUERTA
Olmo, el árbol de los pueblos 

     Enrique Loriente Escallada (Santander, 1933-2000) dedicó buena parte de su vida a recorrer los paisajes de su tierra, Cantabria, pasando por ríos y bosques, valles y prados, desde la costa hasta las altas montañas, en lo que fue sin duda su gran pasión: la botánica.
Antiguo Olmo de Aras (Navarra), muerto por la grafiosis.
Antiguo Olmo de Aras (Navarra), muerto por la grafiosis
Olma de Polientes (1969)
Olma de Polientes (1969) 
      En uno de aquellos viajes, en los que catalogó los más extraordinarios árboles que habitaban la región, y a los que dedicó diversas obras como Guía de los árboles singulares de Cantabria (1990), Loriente se encontró con la magnífica Olma de Polientes, en Valderredible. Era esta vieja Olma el centro político y social del pueblo y del valle. Bajo su sombra se realizaba el mercado, se celebraban los acuerdos y contratos, y en la corteza de sus dos enormes troncos se publicaban las noticias nuevas y las ordenanzas. Y es que este emblemático árbol, hoy día casi extinto, solía presidir desde tiempos inmemoriales las plazas de las villas y pueblos, era testigo de la vida diaria de cada habitante desde el día de su nacimiento, de sus trabajos y negocios, de sus descansos y charlas, hasta el día de su muerte. "Hasta que me vea pasar La Olma", nos contaba Loriente que solían decir los paisanos del lugar.
      La ninfa Ptelea para los griegos, Ulmus para los romanos. En la tradición de los pueblos queda la memoria de este árbol ligado a su carácter onírico, de muerte y resurrección. Así lo sitúa Virgilio en el Inframundo al ser visitado por Eneas: "En el centro despliega sus añosas ramas un inmenso olmo, y es fama que allí habitan los vanos Sueños, adheridos a cada una de sus hojas". Pero junto a esta expresión mágica, el olmo atraviesa la historia de los pueblos desde el más rutinario y usual aspecto terrenal.
     Son muchas las menciones de autores clásicos sobre los usos del olmo: el abundante follaje se empleaba para alimentar al ganado, las ramas para fabricar las cercas de los campos; la madera de raíces y tronco era ideal para construir puertas y carretería según Teofrasto; Terencio Varrón lo considera el mejor árbol para delimitar los predios, pues a todos los usos antes mencionados añade el cultivo de la vid.
      En efecto, y a falta de otro emparrado, griegos y romanos empleaban los árboles como soporte para el crecimiento de las vides —seguramente por ello, entre las ocho ninfas griegas de los árboles, el escritor Ateneo de Náucratis coloca a Ampelos, la vid—. De entre todas las especies, el olmo aparece como una de las favoritas para los romanos. La descripción que hace Columela en el Libro de los árboles sobre el cultivo y maridaje olmo-vid, quizás sea la mejor que ha llegado hasta nuestros días: «En cuanto al olmo, el que los campesinos llaman 'atinio' es de muy buena casta, crece muy bien y trae mucha hoja".
Vid maridada con olmo, Italia, +/-1930
      Fue muy probablemente ese olmo 'atinio' el que exportaron los romanos por todo el Mediterráneo e introdujeron en la Península Ibérica. Y parece que esta tradición, tanto en el cultivo de la tierra como de las letras, sobrevivió durante siglos hasta el renacimiento de los clásicos:

¿Cuál es el cuello que, como en cadena,
de tus hermosos brazos anudaste?
No hay corazón que baste,
aunque fuese de piedra,
viendo mi amada hiedra,
de mí arrancada, en otro muro asida,
y mi parra en otro olmo entretejida,
que no se esté con llanto deshaciendo
hasta acabar la vida.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.


     Así nos recita Garcilaso de la Vega en la ‘Égloga I’ (vv.13-140), imitando al propio Virgilio:

¡Ah Coridón, Coridón! ¿Qué locura se ha apoderado de ti? Tienes la vid a medio podar en el olmo frondoso. ¿Por qué no te dispones mejor a entretejer al menos algo, de lo que hace falta, con mimbres y junco reblandecido? Encontrarás otro Alexis, si éste te desdeña.


     También Quevedo, en ‘El Escarmiento’, devuelve al olmo y su inseparable compañera la vid aquel originario carácter mortuorio.

Estos que han de beber, fresnos hojosos,
la roja sangre de la dura guerra;
estos olmos hermosos,
a quien esposa vid abraza y cierra
de la sed de los días,
guardan con sombras las corrientes frías;
y en esta dura sierra,
los agradecimientos de la tierra,
con mi labor cansada,
me entretienen la vida fatigada.

Christine Buisman, H. Heybroek, Wageningen
     No es de extrañar que a través lenguaje popular nos llegara, si bien de forma residual, esta práctica agrícola en la expresión "no le pidas peras al olmo". En efecto, aunque ya nadie se acuerde, al olmo se le piden uvas. Todavía en la década de los años 30 sobrevivía este tipo de cultivo, el maridaje de vid y olmo, en ciertas regiones italianas. Tal y como nos legó la botánica holandesa Christine Buisman (1900-1936) a través de las fotografías en su estudio sobre la grafiosis, enfermedad del árbol que ya comenzaba a afectar las regiones europeas.
     Sea con vid o sin ella, el olmo siguió siendo parte del paisaje, de la vida cotidiana y la economía rural, hasta hace apenas medio siglo. Su duro tronco y raíz pivotante lo hizo ideal para contener la tierra en construcciones viarias, diques y canales. Su resistencia a la humedad y podredumbre lo convirtió en materia prima para la industria naval, y las olmedas se extendieron en el siglo XVIII por la Península para surtir los astilleros de material de construcción de navíos. Fue viga de techos y pilar de puentes, banco y borriqueta de talleres, apero de labranza y yugo de bueyes. Y en las plazas de las villas su abundante sombra mitigó fatigas.
     A principios de siglo XX, Antonio Machado le dedicó unos versos a ese olmo seco y longevo, podrido por innumerables primaveras, sin llegar a imaginar el trágico fin que a tan noble especie le esperaba:

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.

Emblema de Alciato, por Plantin, Amberes (1589).
     Poco durarían estos jóvenes vástagos verdes que admiraba el poeta. Desde mediados de siglo XX, la epidemia de grafiosis comenzó a asolar los campos y montes peninsulares, durando hasta nuestros días. Fue una científica, la ya mencionada holandesa Christine Buisman, quien demostró en 1927 que tal dolencia era causada por un hongo, Ophiostoma ulmi.
      Esta grave enfermedad, que afecta con enorme virulencia a los olmos, se extiende a través de un pequeño insecto, una especie de escarabajos llamados escolitinos. Estos insectos portan en su cuerpo las esporas del hongo y, al alimentarse de la madera del árbol, las van diseminando por el interior del mismo. El hongo colapsa los vasos conductores de savia, por lo que el árbol comienza a marchitarse. En pocos meses las verdes copas se secan y el árbol muere.
      Prácticamente el noventa por ciento de los olmos desaparecieron en España en las últimas décadas, hasta convertirse hoy día en una especie en peligro de extinción. Las nuevas generaciones lo desconocen por completo, pues difícilmente pueden ya encontrarse olmos en el paisaje, ni siquiera rural, que nos den testigo del importante papel que tuvieron estos árboles en la vida cotidiana de nuestros antepasados.
      Desde los años 80 se intentó poner remedio a la enfermedad. Recientemente y tras largas investigaciones lideradas por la Universidad Politécnica de Madrid, se han logrado obtener algunos ejemplares de olmo resistente a la grafiosis. Diversos programas como el Proyecto Europeo Life + Olmos Vivos están en marcha para recuperar a la especie y devolver su hábitat, la olmeda, al paisaje ibérico.
      Quizás en un futuro cercano los olmos vuelvan a poblar las riberas, y sus frondosas copas cubran con agradable sombra las plazas y parques, como en su día hiciese la Olma de Polientes. Pues, como ya nos advirtió Enrique Loriente:
      «No debemos privar a las generaciones futuras de un paisaje, de un espectáculo como el que nuestros mayores y nosotros mismos hemos contemplado».
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