domingo, 23 de abril de 2017

ROBLE DE URDAX (Quercus ruber)

     Este viejo roble es todo un espectáculo. Tiene una cuerda de 6,6m y una altura de 19 m, está a 205 msnm, coordenadas... N 43º16' 22" - W 1º 31' 16". No entiendo cómo el Gobierno de Navarra no lo incluyó en su catálogo de 2010 y, en consecuencia, en el libro que se editó en 2011.
     Se ubica no lejos del aparcamiento de las cuevas de Urdax. Podemos dejar aquí nuestro coche y caminar unos tres km. Hay que tomar esa carretera de cemento que va a Dancharinea, dirección contraria al pueblo de Urdax. Al llegar a la carretera 4.401, debemos girar a la izda. y tomar el camino más empinado. A cien metros encontraremos dos naves industriales en una gran explanada. Giramos a la izda. y veremos un cartel que nos indica la bajada a Urdax. Seguimos 500 m y encontraremos el árbol. Si no queremos caminar, se puede dejar el coche en la explanada de las naves y recorrer los 500m que restan.

     Por su configuración, creemos que el algún tiempo fue desmochado. Esta fisionomía hace que el peso de la estructura quede dividida en dos direcciones. En una dirección un gran cimal se apoya en la pendiente, el otro cimal lo soporta la vigorosidad del árbol.
Creo que debería colocarse una gran roca debajo de este cimal a modo de apoyo, estaría integrada en el paisaje y soportaría el peso de la estructura.
Música de Joaquín Taboada, "Música para amar los árboles"
Me he tomado la libertad de escribir al alcalde de Urdax, Don Santiago Villares. Me preguntaréis el motivo... bueno este árbol tiene una estructura especial y me he atrevido de sugerrirle que ese cimal que se encuentra en el aire, con el tiempo, necesitará un apoyo que puede proporcionarle una roca situada estratégicamente. Muy atrevido y hablador, me diréis... no lo he podido evitar.
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jueves, 20 de abril de 2017

El ÁRBOL DE CHAPEL ROCK
Lago Míchigan, USA

En una estructura de piedra arenisca situada en las orillas del lago Michigan,  en el Parque Nacional Pictured Rocks (EEUU) es donde se asienta este pino, sin apenas tierra donde adentrase con las raíces.

El árbol tiene sus raíces en el suelo fértil alejado de la roca.


¿Cómo consiguieron llegaron las raíces hasta allí?
Provablemente la explicación esté en la composición de la roca. Es una arenisca con pobre dureza, de erosión relativamente fácil. En ALLPE Medio Ambiente  encontramos la explicación. La Chapel Rock, originalmente, era una estructura sobre cuatro pilares pegada a tierra firme. La plataforma, en parte, se derrumbó en 1906. 1940 la raíz se apoyaba sobre un arco que se derrumbó, dejando la raíz suspendida en el aire.


Si la piedra se sigue desmoronando, como es probable, el pino, si para entonces aún sigue vivo, sucumbirá en las aguas del lago.





 

 
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lunes, 17 de abril de 2017

ANTONIO BURGOS BELINCHÓN (Sevilla, 1943)
Olivares de plata


Poema en prosa incluido en "Reloj, no marques las horas"

     Un azul de Murillo, un amarillo de albero, otro azul de la mar de Huelva, otro amarillo de las hojas del otoño en los jardines del Generalife, un blanco de azahar, magnolia, jazmín, nardo o dama de noche (táchese lo que no proceda, pero no procede tachar ningún olor). Esparto de túnica de nazareno o de cabo enverdinado de patera del Estrecho. Verde de campo de polo de Sotogrande, de vestido de Curro Romero, de arrayán del Alcázar de los Reyes Cristianos, o de los Reyes Moros, o de Don Pedro el Cruel, o de Don Pedro el Justiciero. El aceite del olivo de Minerva y el aceite que se arrojó a la cara Doña María Coronel, para que un Rey no la requebrara de amores, mientras Mariana Pineda cosía la bandera de la libertad. La muerte de Joselito, la muerte de Manolete, la muerte de Paquirri, la muerte de Ignacio Sánchez Mejías. El nacimiento de Velázquez, el nacimiento de Cánovas del Castillo, el nacimiento de García Lorca, el nacimiento de Venus entre las olas, al que solemos llamar Cádiz desde hace tres mil años. Fenicios, y tartesios, y más moros, y más cristianos, y descubridores, y caballeros cubiertos, ilustrados, liberales, doceañistas, la Mano Negra, la sal tan blanca, Casas Viejas, Blas Infante, verde y blanca, Antonio Gala, Quintero, León, Quiroga, Muñoz Seca, Pemán, Villalón, Juan Belmonte, unas torrijitas, niña, no, mejor unos pestiñitos, ¿y por qué no unas bocas de la Isla? Orilla de América, islas del Guadalquivir donde se fueron los moros que no se quisieron ir, cómo se iban a ir. Y Sanlúcar, donde una Reina descubrió la mar y donde puedes hacer reina a la mujer que amas llevándola a descubrir el oro de los atardeceres, las gaviotas, el vino, ay, el vino, lo que se perdieron los moros no bebiendo vino, el Corán hablaba del vino, pero no decía nada del Málaga dulce, del moscatel, de la manzanilla, del fino, del montilla, de la mistela, nunca estuvieron tan limpios los manchados mostradores. Y murallas de alcazabas, Almerías de luna con sol a mares, a espuertas de cal de Morón, de cal de Arcos de la Frontera, olivares de plata, y bueyes de las arenas del Rocío, y los caballos de Jerez, y los jinetes de Córdoba por el llano de las vegas de naranjos, de almendros, de almazaras, de albéitares, de alféizares, de alhucemas, de albardones de mulas que van al río llevando un cante, una copla, una canción, penas y alegrías, esperanzas y quebrantos, la emigración, el paro, firmar con el dedo, sentimientos que atraviesa un Ave, que baña una Costa del Sol, que rodea un campo de golf, un hotel de cinco estrellas, Don Juan Tenorio, y Carmen, Fígaro, ópera, maestro, ópera flamenca, Lola, y Rosario y Antonio, que no es Don Antonio, que es el de Mairena, y que no es el Maestro de Maestros, que es el de Marchena, y el otro Don Antonio, Machado, y el otro Machado, Manolo, y la saeta que no es de ninguno, sino de Serrat ya, y tras el Cristo de los Gitanos, que no es un Cristo, sino un Nazareno, como El Gran Poder, como El Abuelo, como Nuestro Padre Jesús el Rico, como El Greñúo, viene la Macarena, y viene la Virgen de la Cabeza, y viene la Virgen de las Angustias, y viene la Virgen de la Cinta, y viene la Virgen del Rosario, porque por patrona tiene, que al Rocío no le llaman Almonte, sino relicario de la Virgen del Rocío, viva esa blanca paloma de Picasso, y Alberti le da arbejones en la arboleda perdida, y Antonio Ordóñez la lleva de la mano por los montes de Ronda para que no la haga cautiva un palomo ladrón que va con la partida del Tempranillo, de Seisdedos, de Queipo de Llano, con los garrochistas de Bailén y con las bombas que tiran los fanfarrones, mientras Trajano y Adriano se colocan en Roma de emperadores y aquí queda una Giralda, una Mezquita, una Alhambra, y un pueblo, sencillamente un pueblo, una patria, una nación, a la que, como de algún modo había que llamarla, le dio a la gente por decirle Andalucía.
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viernes, 14 de abril de 2017

CAMILLE GAUTHIER
Fabricante de duelas

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martes, 11 de abril de 2017

IRENE KUNG (Suiza,1958)
Fotógrafa

 
     Formada como pintora, esta artista ha posado su mirada a la fotografía. Estas imágenes, recogidas en el libro ‘Trees’ (árboles), remiten a los movimientos del pincel, en unos casos puntillosos y en otros más libres.
     La artista suiza presta oídos al sermón de los árboles con la reverencia de un fiel creyente. Más aún cuando sus interlocutores le hablan en soledad, siempre erguidos en su aislamiento. Es entonces cuando siente que la naturaleza la reclama con mayor intensidad. Cuando escucha en el silencio que reverbera su mensaje de verdad. De ahí esta serie de fotografías, Trees, que evoca una espesura ancestral y casi mágica, que no entiende de especies sino de formas y colores. Desnudos de todo aquello que no les es esencial, sus sujetos expresan ideas inmutables con el lenguaje de las emociones.


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sábado, 8 de abril de 2017

AHUEHUETE DE CHALMA
Ocuilán de Arteaga, Estado de México, México

Los romeros dejan ofrendas el altos y colinas
     La conducta humana es, a veces, inexplicable. Cuando llegué a visitar el ahuehuete de Chalma no contaba con el espectáculo de los "retales" de las peregrinaciones. El día de mi visita,
afortunadamente, no había aglomeración de gentes, la mayoría de los puestos callejeros estaban cerrrados y las pensiones estaban vacías. Aún sin ser testigo de las peregrinaciones que aquí se realizan puedes darte cuenta del tumulto.
      El trabajo de Carlos Martínez Marín (1972), "Los santuarios y peregrinaciones en el México Prehispánico", hace mención especial a la cueva de Chalma y a la deidad que ahí se adoraba. El rito prehispánico dio origen a las actuales peregrinaciones y fueron el origen del santuario que hoy visitamos, y cuya géneis conocemos por la obra del agustino Joaquín Sardo (1810), considerada como la fuente fundamental para entender la historia del santuario y el mito del Señor de Chalma. Este santuario es el segundo más visitado de México, después de la Basílica de Guadalupe.
     La historia cuenta que Sebastián de Tolentino y Nicolás de Perea, frailes de la Orden de San Agustín, llegaron en 1539 para realizar un proceso de evangelización en Malinalco y Chalma y escucharon que en una de las cuevas cercanas se veneraba, con sacrificios humanos, a Oxtotéotl -Dios de la Cueva-. Al dirigirse a la cueva con el propósito de destruir el ídolo y promover la veneración de Jesucristo, los frailes se encontraron con la estatua de un Cristo crucificado y con el ídolo prehispánico hecho pedazos a sus pies. Los frailes comenzaron el ritual de bañarse al llegar al Ahuehuete, lavar su ropa, descansar y, al día siguiente, continuar su camino con una corona de huizache -acacia- en la cabeza y, sobre a su espalda, una cruz de madera para venerar a su dios.
     Las peregrinaciones tienen lugar principalmente en trece fiestas a lo largo del año, las más importantes son el 6 de enero, el Miércoles de Ceniza, el primer viernes de Cuaresma, la Semana Santa, Pentecostés, el 1 de julio día del Señor de Chalma, el 28 de agosto día de San Agustín, el 29 de septiembre día de San Miguel Arcángel y la Navidad. Las principales actividades religiosas que se llevan a cabo son la peregrinación a pie, posteriormente una serie de danzas tradicionales ofrecidas al Señor de Chalma, siendo estas últimas lo más conocido por la población y acudir a la misa en el santuario.
Santuario
     El ahuehuete, al que la tradición popular ha atribuido propiedades milagrosas, es un testigo mudo de creencias, ritos de purificación y bailes de coronación que se suceden cada día a sus pies. Se asienta sobre un manantial, parece el mismo fruto del agua, agua que a pocos metros se une al caudal que proviene del cerro de las Lagunas de Zempoala. Todo este caudal va cayendo de pileta en pileta en forma de escalera a los pies del corpulento árbol. Por ello también es conocido como el “Árbol Sagrado” y cada año acuden miles de peregrinos provenientes de toda la República Mexicana. El Ahuehuete es un paso obligado para los fieles, sobre todo para quienes visitan por primera vez este lugar. Realizan un ritual de iniciación antes de llegar al Santuario del Señor de Chalma.

     Hay un dicho popular que nace en este entorno.... “ni yendo a bailar a Chalma”, al afirmar que algo no tiene solución o por más que uno intente su propósito, ya sea mediante rituales, promesas o mandas, no podrá conseguirlo.

     Según el Registro Nacional de Árboles Majestuosos de México, realizado por la asociación civil Reforestamos México, el Ahuehuete de Chalma es uno de los 33 árboles más representativos del Estado de México y está en riesgo por la presión urbana.
Localización: Kilómetro 40 de la Carretera Santiago Tianguistengo-Chalma.
Municipio: Ocuilan de Arteaga.
Perímetro del tronco: 12,5 m
Altura: 37 metros.
Edad atribuida: 227 años


Puestos en Chalma

Es triste pero aquí terminan las coronas ofrendadas
Exvotos en el ahuehuete
o colgados de las ramas de los árboles del camino
     Bueno, la belleza está ahí, un poco oculta entre los restos de botellas y prendas. Si un día quieren pueden recuperarla, el marco no se mueve.

Información:
https://arkeopatias.wordpress.com/2012/02/20/imagenes-peregrinas-que-se-negaron-a-llegar/
http://ntrzacatecas.com/2016/05/29/ahuehuete-de-chalma-arbol-lleno-de-misticismo/
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miércoles, 5 de abril de 2017

TSUKAMOTO KONAMI, doctora de árboles, parques y almas
por Julian Ryall

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Una de las glicinas gigantes, ahora de 150 años, trasplantadas al Parque Floral de Ashikaga.
      Tsukamoto Konami, es la primera médico de árboles certificada de Japón, ha tratado y trasplantado cientos de árboles gigantes, incluidas varias glicinas de 130 años y es experta ingenierA paisajística.  Nació en 1949 en Iwata, prefectura de Shizuoka. Se dio a conocer en 1996 al trasplantar cuatro glicinas de 130 años al Parque Floral de Ashikaga. Presidenta del Parque Floral de Hamamatsu desde abril de 2013 y de la Asociación para la Promoción de las Flores y la Vegetación de Hamamatsu, cuida árboles por todo el país.
     “El período de la segunda quincena de abril a principios de mayo es mi época del año favorita: los nuevos brotes despuntan después del invierno y las glicinas están en plena floración”, afirma Tsukamoto. El resto del jardín se encuentra espolvoreado por los tonos rojos, amarillos y rosas de los tulipanes. Las hojas rojo óxido de los arces japoneses y el verde oscuro de los pinos forman el telón para los blancos, violetas y azules de las incontables flores de la temporada: un paisaje que atestigua el duro trabajo que Tsukamoto ha dedicado al Parque Floral de Hamamatsu, situado cerca de los pies del monte Fuji, en pleno centro de Japón.
      Para Tsukamoto, su profesión está enraizada en su infancia: “De pequeña era una saltimbanqui; me pasaba el día haciendo gimnasia y subiendo a los árboles en mi pueblo de Shizuoka, cerca de Hamamatsu. Era buenísima trepando a los árboles. A mi padre le encantaban los árboles y mi marido, con quien me casé a los 22 años, es especialista en jardines japoneses, así que en muchos sentidos era prácticamente lógico que yo acabara dedicándome a este campo”.

La primera doctora de árboles de Japón
     La Agencia Forestal de Japón introdujo un sistema de acreditación para doctores de árboles en 1991, y al año siguiente Tsukamoto se convirtió en la primera mujer en obtener el título tras superar el dificilísimo examen oficial.
     Para presentarse al examen de acreditación se requiere un mínimo de siete años de experiencia en diagnóstico, tratamiento, conservación y gestión de árboles. Para la primera prueba hay que entregar un artículo académico, en la segunda superar un cursillo teórico-práctico de 14 días, y en la tercera aprobar un examen escrito y oral. Tras hacerse con el título, Tsukamoto se ha seguido dedicando al cuidado de los árboles por todo Japón.
     “Mi tarea empieza cuando recibo un SOS sobre un árbol debilitado o moribundo y me desplazo hasta el lugar donde se encuentra para identificar el motivo de su estado y ponerle solución”, explica. “Puede que el árbol haya sido alcanzado por un rayo o por un tifón, o que esté afectado por alguna plaga o enfermedad. Primero realizo un examen para diagnosticar el problema y decidir el tratamiento”.
     Tsukamoto está especialmente interesada en los árboles clasificados como “gigantes”, es decir aquellos cuyo tronco mide al menos tres metros de circunferencia, que suelen tener entre quinientos y mil años. El árbol más grande que ha tratado hasta la fecha pesaba 35 toneladas. ”Antes de conseguir la certificación de doctora de árboles ya había trasplantado con éxito más de cien árboles gigantes. La experiencia me ayudó a aprobar el examen”. 

Atajar el problema de raíz
     Tsukamoto rechaza el uso de productos químicos en los árboles porque cree firmemente en el poder autocurativo de la naturaleza, ayudado por la discreta intervención de la mano humana.
     “Los médicos de árboles decimos que los síntomas de las hojas y las ramas proceden de las raíces. Así que un árbol crecerá sano mientras sus raíces estén sanas”, explica Tsukamoto. “Por desgracia, como las raíces están escondidas bajo tierra, no siempre resulta sencillo encontrar el problema. Cada especie tiene sus propias características; los cerezos, los pinos y las glicinas, por ejemplo, son muy distintos entre sí. No es fácil comprender la idiosincrasia de cada árbol y facilitarles el entorno idóneo para sus raíces. Es importante ponerse en el lugar del árbol y captar qué es lo que el árbol desea que se le haga”.
     A veces Tsukamoto recibe encargos para trasplantar árboles viejos. El trabajo puede suponer un montaje titánico, con años de preparación para lograr extraer el árbol del suelo y trasladarlo a su destino. El más exigente entre este tipo de proyectos fue el trasplante de cuatro glicinas de 130 años cuyas raíces y ramas se habían extendido en un área de 600 metros cuadrados. En 1994 las glicinas, con su tronco de un metro de diámetro y 3,6 de circunferencia, se encontraban en una granja cercana de la ciudad de Ashikaga, de la prefectura de Tochigi, al norte de Tokio, y había que trasladarlas unos 20 kilómetros hasta el Parque Floral de Ashikaga.
     Tsukamoto relata cómo llegó a ser la responsable del trasplante: “Consultaron a expertos universitarios de todo Japón, pero todos lo rechazaron por ser un proyecto de una envergadura sin precedentes que consideraban imposible. Al final acudieron a mí e insistieron mucho para que aceptara. Así que me planté delante de uno de los árboles un buen rato, cerré los ojos y sentí que iba a poder trasplantarlos”.
Un equipo de jardineros envuelve una glicina de 130 años con vendas y yeso antes de trasplantarla.
Un trasplante histórico
    “Lo más importante para las glicinas es proteger el tronco. Es su punto más débil, y si la corteza se daña puede darse paso a la invasión de infecciones y enfermedades”
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     Se tardaron dos años en completar todo el proyecto, ya que hubo que empezar por desenterrar las raíces, cortarlas, introducirlas de nuevo en el suelo y esperar a que crecieran. Tsukamoto reconoce que el proceso le provocó pesadillas.
     Para evitar dañar la delicada corteza de las glicinas, a Tsukamoto se le ocurrió aplicarles vendajes de yeso —como los que inmovilizan los miembros fracturados de las personas— en puntos clave donde se anudarían las cuerdas para elevar los árboles.
     Afortunadamente el trasplante se ejecutó sin percances, y las glicinas se adaptaron bien al nuevo entorno, donde ahora crecen sanas y han ocupado ya un área de mil metros cuadrados cada una.

Levantando una de las glicinas gigantes durante el trasplante desde la granja de Hayakawa hasta el Parque Floral de Ashikaga.
El poder curativo de la naturaleza
     Después de casi veinte años dirigiendo el lejano Parque Floral de Ashikaga, en abril de 2013 Tsukamoto pasó a dirigir el Parque Floral de Hamamatsu, situado en su ciudad. En aquel tiempo el parque experimentaba dificultades financieras y corría el riesgo de acabar cerrando, pero desde entonces el número de visitantes anuales ha pasado de 250.000 a 500.000 gracias a iniciativas como la diversificación de las especies de árboles y flores y la modificación del diseño del parque añadiendo ascensores.
     ”Desde que llegué quise dejar bien claro el tema del parque”, apunta Tsukamoto. “Nos centramos en las flores de cerezo y los tulipanes, y tenemos el objetivo de convertirnos en el mejor jardín del mundo de estas dos flores”. Y sus glicinas tampoco desmerecen, por supuesto.
Tsukamoto tiene la profunda convicción de que los árboles, las flores y los entornos naturales son importantes para la salud y el bienestar de las personas. Teme que las generaciones jóvenes estén perdiendo el contacto con el mundo natural por pasar cada vez más tiempo viviendo en el mundo virtual de los ordenadores y los teléfonos móviles.
     Tsukamoto aconseja a todo el mundo lo siguiente: “Aunque no tengas ningún gran parque cerca, busca un riachuelo, un bosquecillo o lo que sea —no hace falta que sea extenso— y encuentra un árbol especial. Luego háblale —del tiempo, de cómo te fue el día, de lo que quieras— y el árbol te escuchará”.
    Tsukamoto ha puesto en práctica su creencia en el valor terapéutico de árboles y plantas mediante un programa para jóvenes socialmente aislados, como los traumatizados por el acoso escolar o los que sufren depresión. La iniciativa de formación y contratación laboral que introdujo en Ashikaga se ha instituido ahora también en Hamamatsu.
     “Un buen día un chico en la veintena me dijo que creía que no tenía futuro a menos que pudiera trabajar en el Parque Floral de Ashikaga”, cuenta Tsukamoto. “Me confesó que no sabía tratar con las personas pero que era feliz trabajando con las flores”. La presidenta le tomó la palabra y meses después lo invitó a participar en el proyecto del cuidado de las glicinas gigantes. Contemplar los árboles floreciendo en su nuevo hábitat por primera vez y oír a los visitantes expresar su admiración le fortaleció la autoestima.
     El chico trabajó en el parque ocho años, pasados los cuales nadie hubiera imaginado que un día estuvo tan deprimido. Hoy en día gestiona su propio negocio de jardinería. Tsukamoto considera su historia un testimonio innegable del inigualable poder curativo de la naturaleza.
Durante la entrevista no paraban de acudir visitantes para hacerse fotos con Tsukamoto
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